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Inmigrantes A Raúl Zurita
Ande que ande, porteño, aún desde su más cósmica altura jamás atisbaremos una sola molécula de aquel marparadiso, atravesado por los Canessa, los Migliaro o los Ferrero. ¿Alucinaste alguna vez la espuma fiera cual níveo látigo
acontraproa del carguero. El miraje a distancia de nuestros ancestros boceteando con el iris el croma de otras costas mientras rumiaban autistas la eufonía spagnola?.
Il mare sotto mile di pensieri que intersectaban temor con amor/ ilusión con magonne y la incertidumbre que embarga la raíz algebraica del primer inmigrante. Sin duda
en infancia audición omnisensorial del quimérico enrumbar vespuciando delfines en súbito coletazo al aire, morar en mirar de un puerto ajeno al suo pensier. Este inservible catalejo in terra nostra versa a la sombra del sentir del puberpadre, de la niñamadre lontano di la sua bella italia. Nosotros ni utopía en vientre, si fa la américa ignorando que les brotarán faunos y lemures, años siglos después en la progenie. He imaginado aquel mar hermético como esta página, su incerteza cual el pasmo al enrumbar por las acuosas estepas nascotas in the poetry. Nuestro asombro
semejante aquel otro de antaño cuando emergen como orcas palabras que no sólo son palabras
mientras se prosigue el viaje a sabiendas que en la otra margen -vida nueva-
la muerte ya no espera.
Hábito
1.
El ojo en la ventana, nada acontece (excepto la erosión de lo desierto en breves intervalos). Dentro la pasmosa quietud de una dentadura malamente artificial, una taza de café, dos croissant y x mg. de Caltrate. Contemplo mis elementales hábitos: presentarme puntual en el infierno tantas veces para explicar el ser de la poesía (y el triunfo del Sporting). Dormir como Van Winkle o levantarme con el corazón lleno de esquirlas, cual falso Oberón.
El tiempo susurra como una vieja navaja que se afeita el acero.
Ciego a sus misterios he paralizado mi absurda contemplación. La soledad porfía, asedia hueca como una tragedia menor.
Dios está en todas las otras partes, es otra soledad, una alegoría de los Absoluto o de la imaginación.
El ojo forja la mirada y descubre que la poesía no está en parte alguna, no se hace, Es: vista así nos hiere su cinismo
La habitación agota su discurso en los mg de Caltrate, los croissant, el café.
Nadie cambió el agua en el vaso. Nadie es un scherzo de la soledad
Las moscas sobre el agua
Nada acontece.
2. Uno dispone de los objetos, nunca del orden…
Oye, si me ves con tal insistencia no responderé más a la realidad de lo que ves
Orden es la estatura con la que nos empinamos a la vida, a pesar de padecerla
Si te desnudaras…
Pero te resistes a los comentarios de la tele. Cómo te duele oír que Amor carece de forma por su proximidad al espejismo.
Cierra la ventana
Hasta “el caos requiere cierto orden” … la Varela
Ladra un perro
Ruido: “Estampida de cualquiera cosa ajena a tu voz”
No, no es un perro – lo sé por perro, no por sabio-
Mi ojo trasciende la mirada sin reivindicar tu luz Cierra cierra Descreo de ellos
3.
No sé si estoy sentado o si sostengo las paredes de la imaginación Repósate un poco, das vuelta tras vuelta a lo inmediato
Ampútame el dolor y no la oreja. Duele desconfiar hasta de la luz
No era un perro. Lo advertí
Un rastrillo se mueve sobre el césped. Te distraes midiendo las paredes de mi imaginación
¿O es la noche? ¿Quién sino se dobla dolida por no ver lo que tú? Cierra la ventana.
Ampútame esta soledad
4.
Abre
Desleo poemas exhalando maldiciones. La poesía es otra maldición, mas nos bendice incluso en su elusión.
Las moscas sobre el agua
La taza, el Caltrate, los croissant…
Sí, la realidad y mi amor -que está en todas las otras partes- visto así nos hiere su cinismo-.
Pero ¿quién le mide la estatura empinado a la par con la vida?
Nadie
Nadie cambió el agua en el vaso
Oh moscas
Nadie se desnuda sobre
Nadie en las precisas partes en las que se revela mi amor (aunque esto no coincida con la realidad)
5.
Descree de mi amor
Yo dudo de él
Usualmente le sorprendo en otra margen y el bastardo me ve donde no estoy
Si apuestas por él, descree y vacía el agua por favor
Ampútale el dolor y no los llantos.
Si crees casca mi ceño seco de árbol moribundo. Abre el cuerpo la ventana Abre
Narciso
su tórax toro percutía al son de cien bongoés ante mi pecho. jauría de tambores de un purpúreo corazón que vi en el mío convertido. ah, entonces fui azúlico oasis oculto entre sus medanos.
aún su voz crepita petrarca en apócrifos sonetos. cantar de cantares. aeternum salmus que en sanctas caricias a mi cuerpo poseyeron.
velaban sus ojos esta soledad de pestes y sequías.
andaba yo en otras sabanas.
el beso cósmico del centinela amado celó mi andar por colmenas y arrabales, sin distinguir más entre lo animal y humano.
cómo creer en singular envueltos en el éter desa hondura. cómo negarme al sentir su voz rauca piafando:
ámame, ámame.
fui hacia él como cien ícaros al sol.
de ahí el estallido.
un craaaash hizo añicos tan excelso frenesí y brotó la raíz desta sangre que el espejo abrió en mi piel, mientras mi amado, en muerte, repetía:
eras tú, eras tú, mi amor soñado.
el espejo
encontré un cráneo.. dos tibias rotas. el brazo curvado de un luciente esqueleto.
los soldados me arrastraron como novillo para ver qué sonrisa recordaba en cada dentadura.
dije: madre, ¡el melchor¡.
¡ese es mi taita¡
¿acaso un hueso nos explicará la muerte?
nadie me lo dijo. no sé si tal silencio tarjó el alfabeto desta lengua y ahora, inerte, con el gesto estucado, no sé quién está vivo y quién muerto.
quedé clavado como un lanzón sobre la pampa.
- ¿y éste? – dijeron
hace ya tanto... tanto.
ahora las señoritas vienen, se desnudan ante mí. fruncen el ceño, preguntan por aquello, o ven en mi faz su faz tan demacrada.
dicen que si rompo tendrán siete años de desgracia.
yo les escucho:
es el espejo, es el espejo |
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MAURIZIO MEDO
Lima, 1965. En 1986 obtuvo el Premio Nacional de Poesía “Martín Adán”. Ha publicado Travesía en la calle del silencio (1988), Cábalas (1989), En la edad de la memoria (1990) Contemplación a través de los espejos (1992), Caos de corazones (1996), Trance (1998), Limbo para Sofía y El Hábito Elemental (2004) En este mismo año coeditó con el poeta chileno Raúl Zurita la muestra de poesía peruana La letra en que nació la pena. Estos textos pertenecen a los libros Nupziale y Manicomio, prontos a editarse en Monte Carmelo (México) y Calabaza del diablo (Chile) |