Raquel Chang-Rodríguez, Ph.D. por la  New York University, especialista en el área de estudios coloniales, es  Distinguished Professor de literatura y cultura hispanoamericanas en  el Graduate Center y  el City College de la City University of New York (CUNY) donde dirigió el Departamento de Lenguas y Literaturas Extranjeras (1995-2000).  En 1992 fundó la galardonada revista interdisciplinaria Colonial Latin American Review.  Chang-Rodríguez coordinó La cultura letrada en la Nueva EspaZa del siglo XVII (2002), el segundo volumen de una nueva historia de la literatura mexicana al cual contribuyó el capítulo sobre lírica. Sus publicaciones incluyen  Hidden Messages: Representation and Resistance in Andean Colonial Drama (1999), y  La palabra y la pluma en Primer nueva corónica y buen gobierno (2005). Fue becaria de la National Endowment for the Humanities (NEH); y es  Honorary Associate de la  Hispanic Society of America y  Profesora Honoraria de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Tiene a su cargo la coordinación de una colección de ensayos de próxima aparición  en español,  Franqueando fronteras: La Florida del Inca y Garcilaso de la Vega  (Lima, PUCP) y en inglés, Beyond Books and Borders: La Florida del Inca and Garcilaso de la Vega  (Lewisburg, Bucknell UP).

La Florida del Inca en su cuarto centenario (1605-2005)

 

 

 

Hernando de Soto (c. 1500-1542),  a quien Carlos I de España (V del sacro imperio Romano-Germánico)  nombró gobernador de Cuba y Adelantado de La Florida en recompensa a sus servicios a la Corona en Nicaragua, Panamá y Perú, inició la conquista del vasto territorio floridano en 1539.  Por la elaborada cartografía de las costas del sur y oeste de la zona (en particular el área del Golfo), se tenía la certeza de que esa tierra no era una isla sino un continente. Así lo había confirmado el mapamundi de Juan Vespucci de 1526. Y por ello se multiplicaron  las especulaciones  sobre la existencia de un paso intercontinental como otra ruta hacia la China: desde La Florida se podía llegar al Asia y sus fabulosas  riquezas.

 

 Varias décadas después, cuando Garcilaso de la Vega (1539-1616) escribe La Florida del Inca  y narra los sucesos de la fallida expedición de Hernando de Soto,  la realidad se impone a la quimera: ante las ambiciones de Francia y el temor al avance del protestantismo, el cronista cuzqueño urge a la Corona,  y a sus lectores,  poblar y evangelizar esas tierras regadas con sangre de soldados y mártires españoles. Su alegato, sin embargo, está marcado por intereses muy variados. Radicado por entonces en la villa cordobesa de Montilla, por medio del ejercicio de las letras el hijo del capitán Sebastián Garcilaso de la Vega y de la princesa incaica Isabel Chimpu Ocllo, esperaba conseguir  el reconocimiento que la Corona le había negado. Su crónica  floridana se convierte entonces en búsqueda personal, en quimera literaria cuya realización culminará siglos después, cuando se lo reconoce como el primer gran escritor hispanoamericano, tanto por esta crónica primeriza como por  su obra maestra, Comentarios reales de los incas (1ra parte 1609; 2da parte 1617). 

 

En efecto, La Florida del Inca es la primera crónica escrita y sacada a luz en Europa por un autor nacido en América,  el cuzqueño Gómez Suárez de Figueroa quien asume su identidad literaria como el Inca Garcilaso de la Vega.  La conmemoración en este año del 2005 del cuarto centenario de su publicación en Lisboa, en las prensas de Pedro Crasbeeck,  ha propiciado una revisión de la obra pautada por  recientes direcciones críticas en el ámbito de los estudios coloniales. Si bien se ha reiterado su aporte como documento histórico, igualmente se ha reconocido la factura literaria del texto. Esta se evidencia en la delicada elaboración de lo ocurrido,  la carga simbólica que el narrador le otorga a los hechos  y su singular empleo de  recursos retóricos. Asimismo,  cuando el cronista cuenta  la historia, desde variadas posturas  y disímiles espacios discursivos,  critica el abuso de autoridad, cuestiona el impacto del coloniaje en La Florida y en los Andes, y a la vez  reafirma  la valía del  otro –tanto del indígena y del mestizo como de la mujer—y la  común humanidad  de todas las personas.  Los nexos entre Europa y América, Perú y México, La Florida y los Andes constituyen enlaces centrales en la comprensión de la obra. Por  ello, en su cuarto centenario, La Florida del Inca se erige como texto a la vez magistral y fundador --raíz y atalaya desde las cuales escrutamos la  historia compartida y atisbamos el futuro.