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Gonzalo Márquez Cristo: Nació en Bogotá, D.C. en 1963. Ha publicado dos ediciones del poemario Apocalipsis de la rosa (Quimera del Oro, 1988-Hojas Sueltas,1990); la novela Ritual de títeres (Tiempos Modernos, 1992); El Tempestario y otros relatos (Común Presencia Editores,1998); La palabra liberada (primera edición, Colección Los Conjurados, 2001; segunda edición, 2004), y la antología Liberación del origen (Universidad Nacional de Colombia, 2003). En 1989 participó en la fundación de la revista cultural Común Presencia, de la cual es su director. Es creador y coordinador de la colección internacional de literatura Los Conjurados. Ha realizado diversas antologías entre las que destacamos: La casa leída (1996), Discursos Premios Nobel (2001), Revelación y caída de Georg Trakl (2002), y Cuentos perversos (2002). Varios de sus poemas y relatos han sido traducidos al inglés, francés, italiano y portugués. Su obra ha sido comentada por importantes poetas y pensadores como: E.M. Cioran, Roberto Juarroz, José Ángel Valente, Fernand Verhesen, António Ramos Rosa, Alfredo Silva Estrada, Claude Fell, Roger Munier, Olga Orozco, Eugenio Montejo, Jorge Rodríguez Padrón. |
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No hemos accedido al erotismo Mario Vargas Llosa
Por Gonzalo Márquez Cristo
La siguiente entrevista con el consagrado escritor peruano fue realizada por el director de la revista colombiana Común Presencia, para el programa televisivo Letra Viva
comunpresencia@yahoo.com
GMC: Hace algunos años el escritor chileno José Donoso hizo en Bogotá unos breves retratos de los integrantes del Boom; dijo que Cortázar era un personaje de aficiones extrañas, que Sábato se disgustaba si cada cinco minutos no hablaban de él, y lo definió a usted como el atleta de las letras... VLL: Es verdad... La disciplina me la he impuesto como único camino para poder escribir; el oficio de novelar exige todo mi rigor... Y si puedo adicionar algo a las sucintas definiciones de Donoso podría realizar un rápido rostro del Cortázar que conocí al llegar a París. Era efectivamente una persona que tenía un mundo propio, secreto, al que no podían acceder los amigos. Mantenía siempre una distancia. Era cortés, cordial, pero preservaba su intimidad. Era un hombre lleno de curiosidades. Recuerdo que una vez me llevó a un congreso de brujas en la Mutualité. Adivinadoras, palmistas, lectoras de los restos del café y otras variedades de la magia. Un congreso que a mí me aburrió mucho, pero a él lo hechizó. Tenía pasión por todo lo marginal, lo extravagante, lo que rompía la normalidad. Ese era un mundo que lo fascinaba. El universo de la fantasía en cierta forma, que fue siempre el mundo suyo. Lo interesante en Cortázar es que compartía una actitud muy refinada intelectualmente, con la visión de uno de los hombres más parados sobre la tierra que he conocido, con un gran amor a la vida material y a las pequeñas cosas. Una persona muy generosa, fraterna, especialmente con los jóvenes; que cambió de personalidad de manera sorprendente, extraordinaria, cuando ya tenía sesenta años. Yo lo había conocido viviendo para adentro y de repente se volvió un ser abierto, comenzó a vivir en la calle, a participar del mundo de todos los hombres, realizando un cambio de personalidad muy interesante al final de su vida. GMC: En aquella conversación Donoso se declaró hipocondríaco manifestando que también lo era Sábato, e incluso García Márquez... VLL: Donoso cultivaba la hipocondría como una gran excentricidad, creo que lo deleitaba o lo divertía profundamente. Por otra parte es el hombre más literario que he conocido. En realidad vivía en la literatura. Los gestos, los dichos, las decisiones que tomaba... todo tenía que ver con su gran pasión. Se amoldaba a ciertos esquemas que eran patrones artísticos. Fuimos muy amigos y era muy difícil hablar con él de algo que no fuera literatura o no terminara siéndolo. En cuanto a Sábato, lo conozco, lo he leído, pero nunca estuvimos demasiado cerca... GMC: ¿Por qué La ciudad y los perros, El elogio de la madrastra, Los cuadernos de don Rigoberto, así como varios cuentos de Cortázar y esa magistral novela de Donoso titulada Casa de Campo, están tan determinadas por la infancia? VLL: Yo pienso que eso ocurre con los escritores que han vivido en su niñez o en su juventud experiencias definitivas, eventos que se han convertido después en la más grande cantera para su escritura. Es mi caso. Las experiencias más importantes que he tenido como escritor, las que me han suscitado más historias, más personajes, las viví en mi infancia y mi adolescencia, por eso vuelvo tanto a esa época no sólo de mi vida sino de mi país, o del mundo en el que yo crecí; como le ocurría también a Cortázar y a Donoso. La única patria del hombre es la infancia, decía Rilke. GMC: Un componente esencial de algunas de sus obras es el melodrama, del que se ha dicho que es la vulgar decadencia de la tragedia... VLL: El melodrama forma parte de la idiosincrasia latinoamericana. Nosotros nos hemos formado oyendo historias lacrimosas, recurriendo a tópicos gastados, a clichés sórdidos, desmedidos, exagerados, a una sentimentalidad, un vocabulario y también una imaginación que debe mucho a esa formación truculenta que se expresa en la música que nos gusta, en las historias que nos conmueven, también en los adjetivos, en los gestos y desplantes que conforman nuestra vida. El melodrama nos expresa. Somos eso, no sólo eso, pero eso también. GMC: Cortázar planteó que la literatura latinoamericana jamás había accedido al erotismo, sin embargo después de la aparición de su libro El elogio de la madrastra y de Crónica de la intervención de Juan García Ponce, ¿se puede decir que ya lo hemos asimilado con la eficacia perturbadora de Bataille o de Pierre Klossowski? VLL: El erotismo tiene que ver con un estadio de la civilización, del desarrollo cultural de una sociedad, y no florece en ningún pueblo o sociedad primitiva, porque requiere de una fase avanzada en la cual el amor se haya enriquecido a través de rituales y ceremonias, de una enorme influencia literaria y artística. Sin estos contextos no puede surgir. Existe el amor, la cópula, la reproducción, el placer físico, pero el erotismo con su rito creativo, es un estadio de la civilización que a América Latina llega por raptos, por rachas, y creo que todavía no hemos accedido a él; además tampoco está garantizado que todas las culturas puedan hacerlo. Para lograrlo se requeriría de un cierto ejercicio de la libertad política e intelectual, también de la independencia frente a la religión; ingredientes que en mi concepto irrumpen dentro del contexto de lo que es una literatura o un ars eroticus. GMC: Recuerdo una frase de su novela Los cuadernos de don Rigoberto: Gracias a los colegios de monjas el mundo está lleno de Mesalinas... VLL: Roger Vailland, un escritor francés que vivió la segunda parte de su vida obsesionado por el universo de lo erótico, decía que éste era inconcebible sin los colegios de monjas, sin la religión y mucho más concretamente sin la católica, fuente inagotable de imágenes y ritos eróticos. Y como para acceder a él se requiere de la ruptura de un tabú, del juego de infringir una prohibición, en ese sentido la religión ofrece innumerables tabúes e interdictos que a partir de cierta evolución de la mente o de la cultura, pueden convertirse en grandes estímulos eróticos. GMC: Son conocidas varias de sus obsesiones literarias como Madame Bovary y las novelas eróticas de Bataille, también en su obra existen con frecuencia homenajes a pintores como Klimt, Egon Schiele, Picasso... VLL: Después de la literatura la pintura es lo que más me gusta. He tratado de reflejar ese amor en varios libros como en El elogio de la madrastra donde la pintura es realmente una protagonista de la historia. Me fascina este universo como ficción, como creación de un mundo aparte. Busco a los pintores que inquietan, que son capaces de crear un universo propio y estimulante para refugiarse en él, escapando de éste. Es el caso de Egon Schiele a quien yo he tratado de rendir homenaje en dos de mis novelas... Y uno de mis proyectos es terminar un ensayo sobre George Grosz: expresionista alemán que vivió el momento más alto de creatividad durante la década del veinte en Berlín. Fue también caricaturista y artista gráfico de enorme beligerancia, de una gran violencia creativa, que dio cuenta de toda la problemática de su tiempo... Son artistas de esta línea los que a mí me impresionan más. GMC: ¿Y en cuanto al cine cuáles son los directores que prefiere? VLL: Haré una confidencia que seguramente muchos cineastas reprocharán. Aunque el cine me gusta jamás lo he tomado en serio, nunca con la seriedad con la que asumo la literatura. Creo que es fundamentalmente un entretenimiento, en lo maravilloso que tiene esa expresión y también en lo superficial. Cuando leo El reino de este mundo o Cien años de soledad, no soy un espectador pasivo como cuando veo un programa de televisión o una película, porque soy cómplice del creador. Estoy obligado a convertir esas figuritas impresas sobre el papel en imágenes y para ello tengo que poner en movimiento mis conocimientos e imaginación, sacar a mis fantasmas de mi intimidad para que esa ficción viva. Por otra parte, hay escasos ejemplos de cineastas que hayan sido creadores como pueden serlo los poetas y narradores; directores que a pesar de las inmensas dificultades y servidumbres que el medio les impone domesticando su creatividad, han conseguido fundar un mundo propio como Luis Buñuel, Luchino Visconti, Ingmar Bergman... Pero creo que son realmente muy pocos, y son anomalías de un género que en el abanico de las artes me parece menor. GMC: Hans Magnus Enzenzberger dijo en Medellín: “uno de los grandes problemas de nuestra civilización son los periodistas, tienen el cerebro más pequeño del mundo, se les llena con tres nombres: el de una actriz, un político y un deportista.” ¿Por qué los medios de comunicación se han frivolizado y disociado tanto de la cultura? VLL: La televisión es la gigante de la información, campo en el que ha prestado un avance prodigioso en nuestro tiempo, pero jamás ha sido creadora. En algunos casos excepcionales como en Inglaterra, durante un tiempo pareció que iba a ser un gran instrumento de creación pero tengo la impresión de que esto se ha truncado. La televisión no ha producido en el campo del arte o de la cultura nada digno de memoria que se pueda comparar con lo que han producido las artes, y al parecer su tendencia va en dirección contraria. Los productos típicamente televisivos incrementan la imbecilidad humana de una manera extraordinaria. Esa es la realidad. La ficción de las telenovelas es idiota, hecha para idiotas, y ha unificado a la sociedad por lo más bajo. Las telenovelas que son un gran producto latinoamericano sin duda entretienen a mucha gente porque hay millones de personas que se contentan con esa pobre, rudimentaria ración de ficción, de irrealidad en sus vidas. A mí me aterra el futuro de una humanidad que busca la ficción sólo a través de esos mediocres productos enlatados. Creo que la televisión es un instrumento extraordinario para la información, para la documentación de una realidad transeúnte... Pero que haya creado algo de fuerza imaginaria y trascendente que podamos ver dentro de veinte años, a mí se me escapa. GMC: ¿Qué piensa de escritores tan importantes como Juan Carlos Onetti y Lezama Lima, eclipsados por el fenómeno comercial del Boom? VLL: Onetti creó un gran escenario. Era uno de los magistrales narradores que desgraciadamente no ha tenido la audiencia que merece. Algunos de sus cuentos, una novela como La vida breve, son verdaderas obras maestras de la literatura. Y fue un anticipado, uno de los primeros escritores latinoamericanos en ser verdaderamente moderno cuando nuestra literatura no lo era todavía, mediatizada por el costumbrismo y el regionalismo, o el folclor en el caso de la narrativa. En los años cuarentas Onetti escribió novelas que son muy modernas por la conciencia formal que hay en ellas. Por otra parte, Lezama Lima es uno de los casos anómalos que enriquecen todas las literaturas, un escritor que nunca será popular. Su lectura es muy difícil, requiere de un aprendizaje previo de lo que es la literatura, de lo que es la prosa y la poesía barroca para poder disfrutar de su genio. Sin duda es un autor que va a quedar. Un libro como Paradiso, monstruoso en muchos sentidos, es una obra maestra, irrepetible, que está al margen de lo que es la evolución de una narrativa, pero indudablemente tendrá siempre lectores y devotos. Lezama Lima además es una figura muy interesante porque aparte de creador fue un gran fomentador de actividades culturales. Dirigió Orígenes (una de las revistas más importantes de Latinoamérica) y creó en torno suyo un mundo de poesía, de latencias artísticas, de fuente de cultura... También en este sentido fue una figura ejemplar. GMC: ¿Durante su residencia en París pudo conocer a escritores de su admiración como Georges Bataille y André Breton? VLL: A Bataille aunque nunca lo conocí lo leí demasiado. A Breton sí, fui muchas veces a oírlo. Yo vivía cerca de su casa y alguna vez lo vi comprando pescado. La primera vez que lo escuché fue hablando en el entierro de la viuda de Trotski (Natalia Sedova). Estuve en Le Père Lachaise cuando cremaron sus restos y uno de los oradores fue Breton. Había algunos obreros trotskistas de la Cuarta Internacional que estaban completamente desconcertados con esas metáforas iluminadas con las que este genial surrealista rindió su homenaje, y se codeaban preguntándose ¿quién es ese hombre?, y algunos decían: parece ser un poeta. Ese es mi recuerdo de André Breton, persona que vi siempre de lejos y con mucha admiración. GMC: ¿La ficción debe protegernos, como pensaban los surrealistas, siendo el sueño de nuestra vigilia? VLL: La ficción es una proyección de nuestros deseos, de nuestras fantasías. La literatura no sólo nos desagravia de lo poco que podemos vivir en comparación con lo mucho que quisiéramos vivir, sino que nos enseña una verdad esencial: el mundo es incompleto, imperfecto. No alcanza a satisfacer nuestras ambiciones, expectativas y deseos. Por eso puede decirse que la ficción tiene un origen sedicioso, pero no en el sentido que muchos dictadores han entendido la peligrosidad de la literatura. En realidad ningún poema remplaza a un misil y una novela no derriba un gobierno. No, el efecto rebelde es más sutil e incontrolable. Quienes han transitado grandes ficciones están constantemente comparando la realidad real con las realidades ficticias que los conmueven, los excitan, los conducen a mundos más plenos, más coherentes, más intensos y humanos. GMC: La poesía es el único género que no ha ejercitado... VLL: Desgraciadamente sí lo ejercité y lo peor es que llegué a publicarla. A mí se me pone la piel de gallina cada vez que los feroces estudiantes que hacen tesis resucitan esos poemas que publiqué en periódicos cuando era jovencito y me doy cuenta de lo malos que eran y de lo acertada que fue mi decisión de renunciar a este género. Yo creo que es muy cierto eso que escribió Borges una vez: En poesía sólo se admite la excelencia. La poesía es buena o no es poesía. La narrativa si acepta la mediocridad, pero la poesía jamás. GMC: ¿Cuál es su relación con los poetas peruanos César Vallejo y Oquendo de Amat? VLL: Fui un lector devoto de Vallejo: voz fundamental de la poesía de nuestro tiempo. Lo leí mucho y lo leo todavía.. A Oquendo de Amat lo descubrí cuando era estudiante universitario, siempre me fascinó la delicadeza de su poesía y desde luego esa aureola mítica que rodeó su vida. Él murió muy joven, cuando estallaba la Guerra Civil Española, y en ese país tuvo una existencia trágica que enriqueció mucho para mí su mítica imagen. GMC: Su generación y otras que vinieron después le dieron una importancia histórica exagerada, casi utópica, a la literatura. ¿Observa algún cambio de perspectiva con las personas que hoy se inician en el arte? VLL: Nosotros creíamos que con la literatura íbamos a cambiar la vida, a transformar el mundo de manera inmediata y eso nos animaba a dedicar la vida a la escritura. Hoy existe una visión más modesta de lo que son los efectos del arte sobre la política y la sociedad. Quienes hoy comienzan no creen que la literatura deba ocuparse de otra cosa que de ella misma, que su fin está en hechizar a unos lectores. Me decepciona pensar que la han convertido simplemente en un oficio. GMC: Desde esa óptica ¿el arte debe responder nuestras interrogaciones fundamentales, mostrar un oriente para resolver nuestras crisis? ¿O sólo asombrarnos? VLL: El arte nos defiende del infortunio y de la adversidad, nos invita a un mundo alterno más propicio para el hombre. Muchas veces nos ayuda revelándonos no lo mejor sino lo peor del ser humano. Durante varios años combatí mis depresiones leyendo el episodio de la muerte de Emma Bovary... Flaubert confesó haber sentido el efecto del cianuro en su boca cuando escribió este pasaje y contradictoriamente ese episodio tan atroz, tan triste, me estimulaba, me provocaba un entusiasmo vital por su eficacia narrativa. A la literatura no hay que pedirle que sea optimista, ni que defienda valores positivos... Hay que exigirle que sea excelente, creativa, que pueda contagiarnos con sus mentiras e invenciones. Y si lo consigue, es útil, nos da razones para vivir. Pero nunca su función es promover la esperanza. GMC: ¿La literatura podrá sobrevivir ante la desmesurada expansión de los medios audiovisuales? VLL: El crítico George Steiner provocó un gran escándalo en Europa diciendo que la literatura no iba a morir porque ya estaba muerta... Que estamos viviendo sus últimos estertores. No sé cuánto había de ironía o de desesperación en esta sentencia, pero es una hipótesis que no se puede descartar. Sin embargo si eso llegara a ocurrir debemos saber que un mundo sin ficciones literarias sería tartamudo... Hablaría demasiado sin decir nada. Con clichés, estereotipos, tópicos; su lenguaje se habría envilecido, empobrecido, llevado a un mínimo de comunicabilidad. Lo cual sería lamentable... Y tal como lo he repetido en esta visita a Colombia es necesario tomar decisiones para impedir que esto suceda. Porque si nosotros pensamos que la literatura es una actividad que no puede ser remplazada y debe sobrevivir, es oportuno actuar a través de la educación que se imparte en los colegios, en los hogares, en los medios de información; promoviendo la lectura, exponiendo a las nuevas generaciones al contagio de excelentes ficciones. Y es posible hacerlo sin renunciar a los avances de la técnica o de la ciencia que ofrecen otras armas para combatir el infortunio, la miseria, la adversidad y la ignorancia. Si decidimos que la literatura merece vivir, actuemos desde ahora creando lectores. Aseguremos para las generaciones del futuro no sólo fuentes mágicas de felicidad imaginaria, sino garanticemos también la pervivencia de la más hermosa creación de la civilización humana, que es la libertad! |