
|
Emilio de Armas. Nació en Camagüey, Cuba, en el año de 1946. Es Doctor en Ciencias Filológicas y Licenciado en Legua Española y Literatura Hispánica por la Universidad de La Habana, además de poseer un Ph.D. en Español por la Florida Internacional University. Enseñó inglés como Segunda Lengua en el Miami Dade College (Wolfson Campus). Ha publicado, entre otros títulos, Un deslinde necesario (1978) La extraña fiesta (1981), Premio de Poesía de la Universidad de La Habana (1979), Reclamo y presencia (1983), Casal (1983), El oro de los árboles (1984), La frente bajo el sol (1988), Junto al álamo de los sinsontes (1988 y 1989), Premio Casa de las Américas de literatura infantil, Con la abrupta esperanza del amor (1991), José Lezama Lima/Poesía (1992), Blanco sobre blanco (1993) y Sólo ardiendo (1995). Los textos que aquí publicamos pertenecen al libro inédito Sobre la brevedad de la ceniza, Premio Eugenio Florit (Miami) 2002. |
|
UNA SOLA PALABRA
No creo en las palabras: las he visto borrarse apenas se agrupaban como guerreros solitarios cercados por las fauces de la nada: herirse unas a otras como hermanas henchidas de avaricia: las he visto afirmar, negar, mentir al pie de los altares y patíbulos.
Han venido a mis manos como animales fieles sedientos de esperanza –y me han dejado solo, como fieras que vuelven a los bosques saciadas de su presa.
Cuando la noche cae y la intemperie arrecia en torno, sin embargo, les ofrezco el silencio en que me ahondo para que aniden: sierpes listadas de oro y negro: hermosas como frascos de veneno entre las manos del amor.
Sus dislocadas sílabas regresan como sombras dementes, pidiéndome razón que las retenga unidas mientras la ronda gira y pasa: voz que las devuelva al agua, al fuego, al aire y a la tierra: verdad donde apagarse hasta estallar de luz y ser palabra sola: una sola palabra: pura como el grito de Dios contra la nada.
CANCIÓN PARA LA BUENA MUERTE
...un sueño breve.
Andrés Fernández de Andrada
Callada, como suelesvenir en la saeta, llegarás en la tarde. Yo miraré la hierba.
Te llevarás la luz que entonces me acompañe; las sombras del amor y el rostro de mi madre; un libro y un amigo, y la canción que cante para cruzar el campo antes que el sol se apague.
Te llevarás mi fiesta: la noche abierta y alta y las palabras, rotas; la soledad que ampara.
Yo miraré la hierba recién cortada, el vuelo de algún pájaro, el oro del sol en los almendros.
Semejante a una flecha, llegarás en silencio. Yo miraré la hierba como quien cumple un sueño.
LA CICATRIZ DE MI MANO
Se ha ido haciendo cada vez más grande, esta cicatriz de mi mano. La herida que la abrió ya ni la recuerdo. Creo que fue una tarde cuando niño, jugando a los buenos y los malos. –¿Me hirieron los malos, o los buenos?– Ya no me acuerdo, Pero veo que se agranda con los días que pasan, Ancha y seca, la cicatriz de mi mano, Y a veces siento frío en ella, Y como si un filo ajeno regresara a buscarme la piel Por no sé qué motivo, tal vez por el amor de la muerte Que suele andar conmigo, O por la muerte del amor que me acompaña siempre. |
|
No sé, repito que no sé Por qué se ha ido agrandando la cicatriz de mi mano –Es la derecha: la de dar y tomar, La de sellar la amistad y responder la caricia–, Pero siento en ella la lluvia que viene de muy lejos, El frío que baja de los montes, El ardor del fuego que me trae otra mano, Y simplemente escribo: Por esta cicatriz de una olvidada herida, gracias!
AÚN POR ESTA NOCHE
Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús.
Juan: XIII, 23
Aún por esta noche estarás con nosotros.
Yo miraré tus manos, latiendo entrelazadas como un sereno corazón; escucharé tu voz, creciendo como el viento que pasa entre los cedros mientras dices: «Adonde yo me voy, no podréis seguirme ahora».
Y un día, solo ya y anciano, me inclinaré bajo tu sombra al relatar la brevedad eterna de esta noche: tu desnuda presencia flotando sobre el pan y el vino, la soledad del huerto.
Y sé que temblaré cuando mi mano escriba –con todas las palabras confusas y anhelantes de los hombres– lo que no puede ser escrito.
HIMNO AL ESPLENDOR DE LA BELLEZA
¿Cómo vivir sin contemplarte ardiendo entre la sombra?
Llama viva, Un día vi tu forma crecer entre los árboles como un almendro adolescente; danzar te vi bajo la lluvia con brazos de muchacha cubiertos de guirnaldas, y vi tu fúlgido temblor como un ala nocturna sobre el lago.
Mientras la noche apaga los ardientes caminos de la tierra y un animal distante aúlla con secular anhelo, tu presencia me colma las pupilas, dilatadas por el reclamo de la muerte.
Cuanto en mi sangre late, es pulso tuyo, golpe de soledad entre las sienes.
Tensas, fugaces, anhelantes, son tuyas mis palabras, jirones de aquel reino que ahora te devuelvo sin ofrenda, sabiendo que era sólo la llama de otro reino, inhabitable.
EL LIBRO
Te leo en la pureza de la piedra y en el agua lustral bajo la luna.
Escrito fuiste para siempre entre el rocío de la hierba, en la pradera oscura fluyendo bajo el alba, en el inerme sueño de la fiera.
Escrito antes que todas las palabras |