TERESA DEL VALLE  SALINAS, nació en Chilecito, (LR) Argentina,  se graduó de Abogada  y en la Maestría de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de La Plata. (Bs.As.) Argentina. Publicaciones Individuales: “Poemario” (1980).“Alas en mi mundo de arena” (Amaru, 1986).“Detrás de la memoria del ángel” (1999), Ediciones Francotirador. “La mirada de Orfeo”, (2001), Cuadernos de Sudestada, La Plata. “Con los labios líquidos”, Ediciones del Copista, 2004. Participa en  las siguientes Publicaciones colectivas: ”Anuario de Poetas Contemporáneos” (1978/1979/ 1980). ”Antología de Poesía (1980). ”Chilecito en el Canto de sus Poetas” (1984). ”Mapa de la Poesía Riojana” (1990). “Tiempos paralelos” (Bs.As. 1991). “Poesía Argentina de Fin de Siglo”, Edit. Vinciguerra, 1997. Revista-Libro “Integración Cultural”, La Rioja, 1998. “Antología de Poetas Riojanos de fin de Siglo”, Ed. Canguro, Año 1999. “Poetas argentinos del año 2000”, Editorial Eleusis, (2000). Premios en poesía y narrativa.  1er.Premio Poesía Concurso Nacional con su libro “Alas en mi mundo de arena”, 1986; 2do.Premio Poesía Concurso Nacional de Poesía “Tierras Planas”,1992; 1er.Premio Poesía “Taller Casa Abierta”,La Plata; 2do.Premio Narrativa Concurso  Gente de Letras, 1994;  1er. Premio Poesía,” Quijote de Plata XX”, 1998. 2º Premio  Poesía  Concurso Colegio de Abogados de La Plata., 2002. Participó en las Ediciones de la Feria del Libro de los años 1986, 1989 y 1992. Ha participado como  expositora en Encuentros y Simposios Internacionales de Poesía en Uruguay, Chile, Venezuela y México.  Su obra ha recibido comentarios críticos en publicaciones especializadas  en su país y en Europa. Se ha desempeñado como docente universitaria. Tiene en imprenta “El espejo ríe” ( poemas urbanos). Para editar “Los cantos de Érato”. ( poesía). El resto de su  obra se encuentra inédita.

CANTOS DE ÉRATO.    

                                                           

 

(Separata).

 

 

                                     Sólo se puede sacar buenas fotos con luz brillante los días de transparencia, o con cielo plomizo. Los colores resplandecen en cualquiera de estos casos, sea con brillo, sea con sordina. De la misma manera sólo se puede escribir bien en la iluminación total o la melancolía profunda”.

                                                                                                                                                                                            J. Baudrillard.

 

 

 

I

 

 

EURIDICE.

 

 

Vivo  en la  oscilación del viento

mi pequeño pez en la luz

recreándote en mi mar de la  palabra.

Rozaré tu frente cuando la vertical decline oriente

y la sombra  repose para ser luz en la  exaltación del plenilunio

(Él descifra los enigmas).

 

Y estaré allí mi ángel levísimo

(el de los ojos translúcidos)

para que migres a través de los espejos.

No habrá rocas lastimándote los pies

sólo mi diagonal  deslizándote

hasta fundirte en mis huellas digitales.

Y escribirás tu historia volviéndote la vida hacia atrás.

Atrás hasta el origen. Universo en expansión. El redivivo.

Entonces, mi liquen esencial esculpirá  tu cuerpo

con la intensidad del arco iris.

 

(El silencio habla en mis dominios)

Es la revelación de los códigos.

Ella te pertenece. Mi ciego lúcido.

Mi amado transeúnte de la espiral inversa.

En esa fuga al infinito me tocarás    altísimo      abismal

(como en la perfección de Apolo y Dafne).

Allí te espero mi alucinado etéreo.

Mi hacedor en las fronteras de la piedad y la locura.

Tu Eurídice.

 

 

 

II

 

 

A PROMETEO

 

 

Apenas partícula infinitesimal

por ti encendida.

Prometeo, titán de la  lucidez

a ti me debo blanca.

Con la transparencia invicta del dolor.

 

Tú, fuego encarnado en la transfiguración.

Yo, tu ser, tu átomo, tu costilla.

Como recién nacida me debo al agua de tu fuente.

Retozo en la protección de tus murallas.

 

Prometeo, hijo de Japeto y Climena,

que venciste  la tortura por el fuego,

¿me  reclamas fuego?

Cómo podría yo,  mínima

a tu vibración de estrella que en mis sueños

se vuelve fugaz y lleva tu nombre en ascensión,

cómo podría,  en mi nocturnal desquiciamiento

resistirme?

 

Mi puro,  mi soñador impenitente,

dueño mío en el alcázar de la lejanía.

Aliada a la eternidad del relámpago,

sujeta a la prometida alquimia de tus labios,

en todos los suplicios del silencio.

Soy tuya.   En lo ígneo.    En la incógnita.

 

 

III

 

 

A ORFEO.

 

Crepuscular, con el atavío del amor caminaré hasta  la línea del horizonte.

La quebraré para romper esa  frontera del cielo con las aguas.

Del cielo con la tierra. Del cielo con la nada.

Tengo el fuego. El sol en el cenit.

Porque tu amor  Orfeo, me confiere la potestad de jugar con el cielo, la tierra,

las aguas, la nada. Y la máxima excelsitud.

 

Tú eres mi ecuador en las palabras.

Esa sutil  línea intensa que calienta  el mundo.

Me transformaré en  meridiano.

Y en la intersección del cielo y la tierra/ el fuego y el agua.

lo fuerte y lo etéreo/ el ardor y la transparencia.

Esta ternura loca. Esta posesión .

Este uno absoluto en la muchedumbre.

El peso y la frescura de esta  multitud que canta  en nosotros.

 

Tu amor/mi amor Orfeo. Nuestro amor. Es un artesanado.

La única razón suspendida en el aire de las cosas.

El sublime oficio de armar los relojes de la magia

y suspenderla en el tiempo.

Congelar las horas. Hacerlas iguales.

Desquiciarlas y que no existan. Exaltarlas.

Por la hora plural de tus silencios.

Por la  hora inaugural de tus palabras.

Mi amado, cada letra de tu nombre  que  atraviesa  mi garganta

es un  nudo de gloria.

 

 

 

IV

YO TE TRANSFORMARÉ, ZEUS.

 

 

 

Mi piel es el rayo cicládico que ornará tu intemperie de dios.

Y serás  manso león huésped de otra furia.

Dejarás  la esclavitud de tu trono y entonces,

como libérrimo  animal  errarás por la grana de mi cuerpo.

 

Lejano de otras guerras que ya no te preocupen.

Libre en mí, en la plenitud de mis espasmos. En mis vicisitudes.

En mi lecho y en plenilunio nos venceremos.

Porque vienes disparado desde el centro del arco

dispuesto para mis simetrías.

Góndola en abecé, deslizando suaves mareas por mis estribaciones.

El amor es el faro que te lleva a mi costado.

El inconcluso. El que te espera.

 

Como dios y cabeza del Olimpo. Artesana mi fisonomía.

Modela mi talle  con  tu rayo. El que me transfigura.

Ni Hera con sus inquisiciones. La humana Europa con sus devaneos.

Ni  Dione, Maya, Ío , Metis, Sémele, tus amantes ,

en confabulación podrán desviar tu rumbo

al  trébol  de mis brazos.

A mis manos que sostienen tu imperio en libertad.

(Ese territorio por el que vago en mansedumbre

y asegura todos mis regresos).

 

Dios de dioses vuelto cansina transparencia en mis pliegues.

Yo te proclamo, Zeus, mi manso león.

Mi translúcido animal para esta furia leve.

Porque eres el maridaje que me puebla con la clemencia de  los resucitados.

 

Señor de los mares. Del trueno. De las guerras.

Los incendios. Del ardor. El  cataclismo. Tú lo sabes.

El amor                tiene la espontánea perfección del ciclo de las lluvias.

 

 

 

V

DE SIRINKS A PAN.

 

 

Pan, como alimento, llegas a  mí en una  música secreta.

Y pueblas mi rumor de bosque con la  armonía de los árboles

cimbrados por el viento sagrado que te trae.

Como si fueras un abrazo de agua

me limpias de toda soledad / de toda ausencia,

cuando habitas esta animal ternura que te edifica

en los laúdes de la palabra, la verdadera,

la del amor  para el amor.

 

Pan,

el hilo de agua que baja de tu cuerpo

riega mi boca,  mis manos, mi total y agreste vegetación sedienta.

Me fertiliza con la semilla de lo inesperado.

Y entonces te amo, en el aire, en los paisajes que cruzan por mis ojos,

en la tentación abismal de los acantilados,

en la ceremonia copular de las lucernas.

 

Tú mi serenata, en el oblicuo silencio de la noche,

esta noche que agiganta tu maridaje en esperma azul

para mi celo.

Mi cabello, se muda a tus huellas digitales y

se mimetiza en la voluptuosidad de tu anatomía.

Raigal,  urdo en el telar  de mi epidermis

la envoltura rojoañil para tu cuerpo.

 

Pan, amado mío, soy Sírinks,  mira,

es manso el transcurrir del río.

Mi amor te espera en su otro margen.