Astrid Fugellie nació en Punta Arenas, Chile, en 1949. Es Educadora de Párvulos egresada de la Universidad de Chile. Ha publicado Poemas (1966), Siete Poemas (1969), Una casa en la lluvia (1975), Quien es quien en las letras chilenas (1982), Las jornadas del silencio (1984), Travesías (1986),  Chile enlutado (1987), A manos del año (1987), Dioses del sueño (1991), Los círculos (1996), Llaves para una maga (2004). En 1989 obtuvo el Premio de la Academia Chilena de la Lengua.

 

SÉPTIMO TESTIMONIO

 

 

Así fue de cómo cayó el ch’iebal de los cielos:

Cuento

caída

linaje

Señor de los Sueños.

Fue así cómo se trizó tu lindo rostro,

tus lindos ojos, tu linda boca, tu nariz.

 

 

 

ch’iebal: linaje

 

 

 

 

Somos de la vuelta de la noche.

 

 

 

 

MISA

 

La vela está opaca, la vela solo oscurece.

 

En este juego de santos judas,

los enanos se arrodillan presuntos y cojos de alma

y las prostitutas rezan el vía crucis, melancólicas.

 

Tendría que haber alguna misa en que enanos

y prostitutas se congreguen para orar

por sus muertos, por sus sueños.

 

Los enanos bailarían sobre las teclas del órgano,

y harían piruetas en columnas y confesionarios.

 

Las manos delirantes de las prostitutas

lanzarían sus entrañas al campanario

donde siempre hubo esperma de cirios.

 

Tendrían que existir algunas capillas

para los destrozados del alma:

Las capillas de los dioses marginales,

las capillas de los fantasmas de greda,

las capillas de los ojos de loza, sin nombre.

 

Esa Iglesia cuyo cielo es superior

al de los cristianos.

 

 

 

 

Soy un cuerpo despojado seguido de ataúdes.

 

 

 

LA VISIÓN

 

Esa sombra que camina por pasillos sueltos de amarras,

nadie la estanca,

nadie.

 

Esa sombra que lleva al hombro el desapego de los huesos

ahuecados,

nadie le hace frente,

nadie.

 

Esa sombra que abarca el misterio de una servidora

callada de nombre,

nadie la regaña,

nadie.

 

Esa sombra que se asoma por la ventana de enfrente

como un dios pecaminoso, marginal.

 

Esa que me hace guiños con el cuerpo castigado.

 

Esa visión, de pies a cabeza,

tan igual a la mía.

 

 

 

 

La imposibilidad de saberlo, hizo a Dios insoportable.

 

 

 

 

JUAN JOSÉ MARÍA

 

Los fracasados de alma,

ánimas donde yacen las preguntas,

el vacío del silencio.

 

Hay agonía en los misterios.

 

Juan, José, María demandan

pero ni  las bestias de la belleza

ni las palomas del balcón en sombra

duelen más que esa réplica oculta que gotea,

les goteaaa.

 

Ellos saben en qué lugar del mundo crece

la tristeza.

 

Advierten el secreto de vivirviendo

y ante los ojos del cielo,

sus ojos profundos no son ajenos

a esa muerte hermosa que les condena.

 

Tal parece que nacieron demasiado tarde

para que su correría meditante valga penas.

 

Fastidiados del encanto inútil de ese culto,

aburridos,

estampan sus cabezas a este lío de Sistemas

Antropófagos,

para luego volverse masas poderosas.

 

José, María, Juan,

los inmortales del fracaso.