Ulises Varsovia nació el 2 de julio de 1949 en Valparaíso, Chile, en cuya Universidad Católica realizó estudios de Historia, Geografía e Historia del Arte y luego trabajó como asistente de historia antigua. En 1982, obtuvo la docencia a tiempo completo en la Universidad de La frontera, en Temuco. En 1990 obtuvo en Freiburg, Alemania, un doctorado. Posteriormente, realizó estudios de revalorización en lengua y literatura españolas en la Universidad de Zürich (1992-1994), y en 1996 comenzó a trabajar en la Universidad de San Gall. Su primer poema "serio" lo escribió en 1969, y desde entonces no ha dejado de escribir. Publicó, en 1972: Sueños de Amor  y, en 1992, un poemario bilingüe español-alemán, Der Herbst in St.Gallen - El otoño en San Gall. En 1993  Tus náufragos, Chile, y al año siguiente Abasalena y Canciones de Otoño, al cual siguió Capitanía del Viento, en 1995. Más tarde, fundó Capitanía, su propia "editorial", y comenzó a editar sus Cuadernos de Poesía: El transeúnte de Barcelona (1997), La Catedral de San Gall (1994), Alianza (1977), Aguas y Naufragios (1995), Cuando las blancas alas de la muerte (1995), Jinetes Nocturnos, de 1974/75, Máscaras y Rostros, de 1997, Aguas Tumultuosas, de 1977, Domicilios I, de 1998, Cítara, de 1998, Cólera de Amar, de 1977, Madre Oceánica, Valparaíso, de 1998, Libro de Amor en Invierno, de 1998, Centinela, de 1999, Lumbre, de 1999, Nocturnal, de 1999, Atribularia, de 2000, Megalítica, de 2000, Ebriedad, de 2002, y Hermanía: La Her-mandad de la Orilla, de 2003, publicado por Apos-trophes en Santiago de Chile, junio de 2004.

Devocionario de Otoño (2003)

              

18. Pócimas otoñales

 

Pócimas otoñales

en un cazo de metal

a fuego lento cocinadas,

brebajes de amargas hierbas

en el bosque del amanecer

por mi mano recolectadas,

poción de brujas boreales,

poción de engendros bosqueriles,

poción de ánimas del más allá.

 

Y ahora un trago esperpéntico,

ahora un trago de elixir

como para revivir difuntos,

como para conjurar meigas,

como para darles vida a zombies,

como para embrujar a satán.

 

Un trago de tus pócimas,

un sorbo de tus brebajes,

un tazón de tus pociones,

otoño, un elixir otoñal,

 

para dormir esta larga noche,

para no escuchar tu aullido,

para no sentir tus brujas

merodeando mi morada

con su algarabía infernal.

 

 

21. Primera vigilia

 

La primera vigilia fervor

a ciegas del hermano mendicante,

devoción de discípulo en marcha

con sus sandalias de seco esparto,

inequívoca su tenaz persuación.

 

Angosta, sinuosa y larga la senda,

polvorienta de tanto pie enjuto,

de tantísima estoica abstinencia

a pan ácimo, a jergón vegetal,

a penitencia, agua seca y escarnio.

 

Hacia la tardía primavera

los huesos acuse de recibo,

el sayo raído de mendicidad,

y bajo las órbitas oculares

los profundos surcos de la vigilia

en su morado color testimonial.

 

Alta tu devoción de eremita,

alto tu tenaz discipulado,

hermano de la tonsura menor.

 

Pero el camino largo y zigzagueante,

el esparto duro e inclemente,

la frente reseca de seco sudor.

 

A la mediatarde del otoño

la oscuridad, la primera helada,

los pies llagados, las carnes magras,

las alimañas en torno al jergón.

 

Fervor de la primera vigilia,

himno jocundo de la devoción:

los pies aún sandalias de esparto,

el sayo raído, el pan tributario,

los labios resecos de sequedad.

 

Estrecha la luz, hermano mendical,

a la entrada del invierno, en camino,

a pie por la primera vigilia.

 

 

23. Devocionario de otoño

 

Devocionario de otoño,

mínimo espacio de su amplitud,

sombrío rincón de noviembre

atiborrado de leña y fervor,

de utensilios inanimados

subiendo en la espiral del humo,

trazando su grafía luminal.

 

A lentas bocanadas, trepando

desde las raíces del misterio,

desde una maraña de lenguas

jamás antes oídas, enraizadas

en la mudez de la pitonisa.

 

Mínimo espacio del pronunciar,

buhardilla en semipenumbra

llena de voces incógnitas,

tibio de calor germinativo

y frío del despojo otoñal.

 

En esas claras coordenadas,

en ese entrecruce de ciegos

enredados en su clarividencia,

 

mi devocionario de otoño,

mi fervorosa actitud monacal

en el lento tránsito del vaho,

en su grafía reverencial.

 

26. Hojas

 

Hojas de tembloroso color,

transitorio entre la desnudez

de muchachas cayendo al vacío,

y ancianas regresando al humus,

resecas de manos agitándose,

lívidas de tránsito vegetal,

 

hojas volando en el derrame

de la flora en su suicidio ritual,

temblorosas en el aire agitado,

en el viento tibio llevándoos

hacia vuestro peregrino hogar,

 

hojas arrojándoos al vacío,

a un precipicio de cuchillas,

de espadas, guillotinas frías,

al sueño del humus regenerador,

 

¿de qué color mi color otoñal,

de qué color mi piel aterida,

de qué tembloroso color final,

hojas, mi seco tránsito otoñal?

 

28. Claire en el viento

 

 

Aquella tarde Claire de prisa

por entre las ráfagas del otoño,

temerosa de algo, perseguida

por hojas secas arremolinadas

en torno a su rubia cabeza.

 

¿Qué hora era, Claire, cuando los relojes

señalaban las sombrías del otoño?

 

La casa señorial, la casa en lo alto,

la casa elevada sobre el risco,

pesada de habitaciones y muertos,

de telarañas, murciélagos, ratas,

tenebrosa en la luz a jirones.

 

Claire de prisa por la tarde en penumbras,

Claire sola por la solitaria calle,

y el viento disparando sus saetas,

el viento arremolinando las hojas,

el viento del avanzado otoño.

 

La escalera ante ti, esposa amada,

el puente de peldaños hacia lo alto,

el último trecho de tu huída.

 

Unos pasos más hasta el pórtico,

la pesada puerta, el alto umbral,

la vieja escalera de madera.

 

Arriba el ático, arriba la luz,

arriba tu hogar defendido

por mis manos contra el otoño.

 

¿Qué hora era, amor, cuando los relojes

señalaban las últimas en punto?

 

 

30. Leche otoñal

 

 

 

Leche otoñal de tus madrigueras,

leche de tu encapuchado misterio

para alimentar mis pulsaciones,

para alimentar de tu intemperie

a mis cachorros sacramentales,

a mis lobeznos entrenecedores

aullándote en su dura lactancia.

 

Leche de tus pezones ávidos,

leche de tus ubres manantiales,

para que hospicio generatriz,

para que adopción óntica, otoño,

y turbio de tus linfas turbias

mis pasos una danza orgiástica.

 

De tus madrigueras recónditas,

de tu intemperie latitudinal,

de tus misteriosos órganos,

 

leche otoñal, leche amamanticia,

leche de tus pezones maternales

para mis ciegos cachorros, otoño

 

 

40. Saúco

 

 

Zumo de saúco cerril,

leche de ampollas racimales

arrancadas al otoño, en diciembre,

en la fantasmagórica serranía.

 

Sangre de tus glóbulos, saúco,

sangre espesa de tus alambiques

cerriles, de tus venas morunas,

apretada de salud vegetal,

reverberante de minerales.

 

Linfa de otoñales racimos,

linfa de cerril destilería

para mi sed de sobrevivirte,

para mi temor de tus deidades,

para no caer en tus mazmorras

y enloquecer de desvarío, otoño.

 

 

50. Advocación

 

 

Bajo la advocación de las estrellas,

de noche en camino por el otoño,

con un cayado de encina sagrada,

y un zurrón con amuletos gitanos

latiendo sus interferencias

en la atmósfera sobrenatural.

 

Arriba las Pléyades tribunicias,

a mi izquierda las Gran Osa estelar,

y frente a mí el Auriga erguido

sobre el pescante del carro délfico,

hierático de regia dignidad.

 

Sobrenatural de espíritus

bosqueriles y apariciones,

de náyades nocturnas tocando

su dulce, hipnótico instrumento,

cálido su pubis, su regazo,

sus senos alucinatorios.

 

A través del senescente otoño,

de noche por su atmósfera lunaria,

tembloroso de labios susurrantes,

atado al mástil de las estrellas,

a sus ligamentos advocaticios.

 

Brujas, magos, meigas, engendros,

espíritus filiales de la luna,

ninfas nocturnas sollozándome,

tendiendo hacia mí su cabellera:

 

Bajo la advocación de las estrellas,

con un cayado de encina délfica

y un zurrón con amuletos gitanos,

rebosante de creencia cósmica,

intocable en la fantasmagoría.

 

 

                                                    (Inéditos)